una bicicleta deshabitada.

he visto una bicicleta deshabitada. nos hemos mirado a la cara lo que dura un pitillo. en los restos de una fiesta alguien muy puesto acaba de cortarse las pelotas con el fotón de una estrella titilada. lo he visto porque gritando de dolor se ha asomado al balcón. sus pupilas dilatadas parecían desearme como quien desea una estrella fugaz. el sol está detrás de las plazas, veo los tejados sonrojados de amor. quince metros de cemento son suficientes para que los pisos estén recubiertos de una luz aguada e insuficiente. aquí todo parece de garrafón. creo que es muy triste que no haya ventanas a las colinas. Me pregunto si existen maridos que no están casados detrás de todas las paredes, follando con cualquier cosa. por la ventana entran arcoíris llenos de carga psicológica, jóvenes meando, y un borracho seseando peor que la culebra está a punto de vomitar a su presa. un chaval detrás de mí acaba de poner una obra que se compuso para Vaslav Nijinsky. si todos los obreros fueran músicos que piropean a las mujeres con óperas imperecederas. siento que existe un palacio exótico al otro lado del mundo que se va muriendo de humedad. Es el sexo que un sátrapa hinchado arrojó durante siglos a sus concubinas. aquel lugar está cubierto de una densa niebla que mata a las piedras. Es el resoplido homicida de billones de orgasmos femeninos. Es el grito sucio y asfixiante de los sobacos de un indio. Y un diamante por encima de todo sigue brillando para siempre. Me doy la vuelta y me tumbo. Ya no hay nadie. En su lugar hay un tocadiscos. Una mano automática de un alma matemática que va cambiando de sinfonía. Desde aquí no veo las colinas. Estoy solo.

0 grafías:

Publicar un comentario en la entrada