dimitri amaba a una ameba. no sé por qué. el caso es que se besaron un día. ella se dejó. así son las amebas. en un descuido romántico se coló por su nariz. divide y vencerás: imitando el eructo de una nube, explotó sobre sus sentidos. el tío ni entendía, disfrutando de su nueva novia. la primera semana me dijo: me llega hasta el oído interno, estoy sordo de amor. después fueron los nervios de los ojos, estoy ciego de amor. siguieron así con todos los demás sentidos hasta hacerse tan tonto como un vegetal. Vivía solo para su ameba. esta no tardaba mucho en vaciar su cráneo. y él cada vez más tonto, disfrutando de su muerte. y ella cada vez más grande, disfrutando de la carne. yo ya le avisé, pero dimitri siempre ha sido muy impulsivo. del tipo que piensa que jamás le tocará a él. las amebas suceden. estas cosas pasan a diario.
también está el caso de ana maría tudela, por propia voluntad. se pasó media vida buscando una ameba. la encontró en un lago un verano en wisconsin. por qué tan lejos, no me lo pregunté hasta hoy. alguno dirá que murió feliz en un prado escuchando un viento musical y ruiditos de la brizna golpeándose con la fuerza que permite un combate de boxeo en la hierba. pero digamos ya que nada de eso sintió realmente. solo cómo masticaba la ameba mientras fuera hacía sol.
parece que está de moda. por lo pronto yo me enrollo con mi bufanda de lana. ya veré mañana.
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