Cuando era pequeño creía que los árboles estaban después de nosotros. Que el mundo era un jardín creado por el hombre. Cuando era pequeño creía en mis padres y en su ciencia. La maravilla de que brillara el sol era porque alguien abría una persiana. Creía que el agua era cosa del grifo, inventado por los hombres, para nuestra sed. Desde entonces he descubierto muchas cosas que no han dejado de cambiar. Tan lejos estoy de aquella cuna donde mi cetro lo era todo.
Ahora veo que hay más cultura en el ventalle de los hojas bañadas por el sol que lo que podamos encontrar grabado en nuestro rostro. Que las estalactitas temblando en el frío se ríen en su eco de nuestras pinturas ridículas. Sé que hay más bondad en el caparazón de un insecto diminuto que en la historia de la Biblia. Ten claro esto: cuando desaparezcamos, no solo nadie nos echará de menos, habrá además una gran fiesta. Mascullarán en la agitada corriente del atardecer: "Por fin han desaparecido esos juerguistas que incordian el silencio de la noche. Esos hombres vulgares y tontos que tiran cohetes al espacio y no respetan el paso de las nubes. ¿Acaso no saben que el fuego es una chispa que nace por voluntad del rayo?" Están furiosos. Siempre serán violentos contra nosotros, siempre tendrán ganas de arrancarnos la sangre a mordiscos. El bosque es un lugar que nos odia. Cualquier ruido que oigas será un quejido, el deseo infructuoso de matarnos. Y hacen bien. Porque si ganamos nosotros ten por seguro que ganan los peores.
Cuando el rey le contó esto a su amigo en realidad le estaba advirtiendo de lo peligroso que es el bosque más allá de las murallas.
Ahora ve, cruza y sálvanos, mi más respetable caballero. Pues de algún modo, también nosotros queremos sobrevivir. Y no hagas más daño del necesario.
En la ciudad no todo el mundo estaba de acuerdo en que fuera él. Algunos decían que era un soñador. Decían que escribía versos. Eso no está bien. Pero el rey había sido claro:
Solo un verso puede salvarnos de esto. Y abrió las manos vacías pero nadie entendió; sin embargo todos entendieron que él sabía lo que habría en sus manos.
En silencio esperaron a que volviera pronto, el honrado caballero, con el verso por delante de sus pies.
(...)
ResponderSuprimir¿La vida, cuándo fue de veras nuestra?,
¿cuándo somos de veras lo que somos?,
bien mirado no somos, nunca somos
a solas sino vértigo y vacío,
muecas en el espejo, horror y vómito,
nunca la vida es nuestra, es de los otros,
la vida no es de nadie, todos somos
la vida -pan de sol para los otros,
los otros todos que nosotros somos-,
soy otro cuando soy, los actos míos
son más míos si son también de todos,
para que se pueda ser he de ser otro,
salir de mí, buscarme entre los otros,
los otros que no son si yo no existo,
los otros que me dan plena existencia,
no soy, no hay yo, siempre somos nosotros,
la vida es otra, siempre allá, más lejos,
fuera de ti, de mí, siempre horizonte,
vida que nos desvive y enajena,
que nos inventa un rostro y lo desgasta,
hambre de ser, oh muerte, pan de todos...”
No es tuyo, ni mío, pero debería ser nuestro.