Cuando la conocí lo único que sabía de la universidad era fumar Ducados. Meses después lo dejó por Marlboro, que era lo que yo fumaba. En aquel entonces me acababa de divorciar y estaba perdido, ¿qué era un hombre cuando se divorcia? Nunca pensé en ello. Mis padres no me hablaron de divorcio. Recuerdo que mi madre hablaba de antes de la guerra. Todas las historias sonaban de
su boca como los retablos del paraíso que coronan el altar de las iglesias. Dejándome guiar
por sus palabras tendría que creer que antes de la guerra todas las mozas dedicaban el tiempo a
bailar y los muchachos a tocar la guitarra animando la vista; mientras que las vacas se
pastaban solas, los campos se labraban solos, y las inclemencias del tiempo
dentro de la plaza no tenían jurisdicción. Los imagino buscando pareja para
siempre, haciéndose la corte hasta el fin de los días. Que solo en el
transcurso de la guerra se vieron obligados a casarse unos con otros, a
emparentarse, a terminar el baile rápidamente, desprevenidos hasta la muerte.
Era una tarde calurosa como la de hoy. Estábamos en una mesa trasnochada, muchachas que la acompañaban y yo con un amigo.
Con su Ducados en la mano, tenía una coleta que le llegaba hasta la cintura y una sonrisa que partía los colores. No dejábamos de mirarnos como quien va al cine por primera vez. Ella me notaba triste, ella era mucho más joven que yo. Ah, la universidad. Yo nunca terminé el graduado escolar. A medida que se acercaba la noche nos quedamos solos. Todavía no habíamos hablado directamente.
-¿Y qué estudias?
-Magisterio de francés.
-¿Y te gusta?
-No mucho, pero conozco el francés. Estuve doce años en París. Mis padres trabajaban en una fábrica de químicos. Después volvimos.
Su voz era la de una niña perezosa que lo único que había aprendido en la universidad era a fumar Ducados. Seguro que aún bebía batidos de fresa y por las tardes era una fanática del yeyé y de los Beatles.
-¿Qué es lo que te gusta?
-Me gusta ayudar a la gente.
En ese momento supe que sería para mí. Aquel pedazo tierno de carne estaría a mi lado, cuidándome. Subida a sus pómulos una pareja de siluros saltaba contra marea, a través de la luz baldía y abandonada en el rostro de aquel atardecer. Mirándome nerviosa detrás del humo, se escondía un amor de dibujos frenéticos soportando el color frío de un día nublado. Ella ya me quería, en aquella mesa, sin yo decir nada. Qué gran mujer. El tipo de mujer que repite siempre la misma canción, y la tararea cincuenta años después sin cambiar. De esas que necesitan poca cosa salvo dejar que mire como solo ella sabe mirar, pensando que ninguna otra puede conocerme mejor, como una madre a la que nunca abandonaría, porque me ha oído de una canción, porque está segura de quien soy yo. Y no puede equivocarse.
(el completo)it was paradise+texto holiday+imagen
La primera copa nunca se olvida. Era un ojos saltones de
escaso pelo en la coronilla, lo rodeaba un cinturón Armani abultando su escasa
cintura, y esos zapatos brillando a sudor de Joe Frazier de los que me enamoré moviéndose
frenéticos debajo de la mesa, como los perros que buscan jugar. Cada cual venía
a atravesar algo con la mirada; él vino a destrozar mi vestido, yo a destrozar
cualquier cosa en la distancia. Refiriéndose a mi natural talento
dudé si pensaba en mi voz triste o en mi alegre pecho. Éramos un cuerpo y un
alma distintos, pocos se daban cuenta de la distancia que nos separaba. Dijo que hay contrastes que merecen la pena.
Me llevó a otro tipo de primavera. De esas que tampoco hay
manera de eludirlas. Doné entusiasmada un ramo de flores nuevas al hombre
que me prometía palmeras y buen sol todo el año. “Te llevaré, pequeña, adonde
siempre hay agua caliente para esa piel tuya que tanto frío sufre. Fuera de los
barrios donde ladran los perros”.
Me tomó, siendo víctima desde que se escribe la historia, y
la extraña fruta bailó. Estaba condenada a humillarme desnuda en la cama. En el
continuo ojo sentía los cuerpos mirándose horrorizados. Nada hubiera cambiado
de aquella noche. Me avisaron de que las primeras copas terminan así.
Por la mañana mi corazón solitario me dio los buenos días. Los
hay que también me avisaron de esto. Una arruga con los pliegues de unas ruedas
derrapando, las huellas que fugaban tras el asesinato de una ciclista. Pero yo
no había muerto, jinete errante: aún seguía girando con el mundo, y el mundo
girando a su aire; yo sé que tú estás en ese mismo giro. Sentí que millones de
kilómetros más allá de mi techo había una estrella quemando a un planeta. Me quedé amando al hombre universal que me abandona. Todos mis músculos contraídos del
terrible accidente eran de aquella pirómana estrella cuyo vicio inflamó las entrañas de unas sábanas vacías. Fue la única que sintió las
punzadas en mis muslos de pedalear por primera vez. La que guardó silencio
cuando la bicicleta bajaba las escaleras sin mí, ardiendo aquellas cosas en la noche y
a los perros ladrando. Con el cuello tieso a las farolas y los ojos vidriosos, cerámicas
nocturnas de pescadores. La única estrella que lo vio todo.
La gente dirá que mejor. Demasiado mayor,
tosco, y enfermo para una niña como yo. Si el amor fuera un tic-tac del
reloj, un baño de luna o un blues en la nieve, tal vez yo
también estaría enamorada de los descendientes de Romeo. Pero es algo que no
está disponible al público, que no viene en las cajetillas de tabaco avisándote
como el cáncer de garganta. El amor de verdad es una voz rota que llora fuera de escenario. Las mujeres precavidas guardan un arcón con media docena de lunas. Repuestos para cuando se vaya. El amor es
la lluvia que golpea en las recientes catedrales: allí van los modernos
peregrinos con sus motocicletas o sus citröen dos caballos. Uniformados reverendos reparten a cristo líquido y oscuro. Es la lluvia que por los aleros va triunfando al pánico del transeúnte, sepultando a mujeres
sin automóvil. De esas que andan por carreteras y van buscando religión sea del
dios que sea. Son reticentes chicas que se comportan bien delante de un niño. Sabiendo que cualquier inocente criatura puede ser suya. Que ningún hijo se salva de pertenecer a una puta enamorada.
Ese es el amor que yo siento y canto a cada mañana, después de irse él. Hasta que papá y mamá vuelvan pronto. Para Junio o Agosto.
una noche en la discoteca.
me lié con un vaso de whisky y estuvimos largo rato. luego pensé que todo terminaría como en el final de una gran ópera. acabé despertandome con el pitido de cien tenores en mi oído pensando tristemente en cosas humanas. que somos los restos de una enorme cagada. que no me corrí con esa gorda solitaria.
que no hay coro cuando dioniso me transforma y yo pregunto por el destino. ¿dónde estás? ven de una vez. se mala fortuna o se buena fortuna, se lo que quieras ya: solo quiero que me toques como lo hacen las putas.
que no hay coro cuando dioniso me transforma y yo pregunto por el destino. ¿dónde estás? ven de una vez. se mala fortuna o se buena fortuna, se lo que quieras ya: solo quiero que me toques como lo hacen las putas.
todos los hombres vírgenes hasta verte a ti.
¿has visto esta fotografía?
besémonos con ella de fondo.
Forzaron las dos bocas. Rasgando arruga en el risorio se hilaron un beso. ¿Y el aire? El aire en los brazos. Son águilas en el cielo cerrándose sobre las cumbres. Un pensamiento que no tiene sangre acumulando el cristal de una ventana vacía, empañando los ojos. Luceros encendiéndose como casinos reflejados en el parabrisas mientras. El alma, maestra de plegarias, especulando con la luz del torso. Son rayos de fotones rozando el tatuaje vago de un marinero sin blanca. El espesor de una fragancia montañosa al borde de un acantilado que va cayendo en espuma y rocas frescas. Entrelazando en la caída los dientes con oleajes huraños. Untando la quijada como huida geométrica, realizando ángulos linguodentales de matemática insomne. Lázaro sepultado en la misma nebulosa. Y el abrazo inhumando hombros; y el rostro en un pozo lleno del reflejo de una luna bailarina: vedette del este enseñando las tetas a cientos de borrachos melancólicos. Con la luz de estrellas que no ven ni vendrán.
quiero seguir.
llevamos una hora así.
¿tú tienes hambre?
yo sí. ¿y tú?
Tristeza derramada. Un helicóptero fuera de sí.
yo no.
No siente hambre porque ya no era humano. Ella no entendió. Sucumbió a la forma de un animal inventado. ¿No lo ves que es un delfín llorando por ti? Un polvo de imágenes volado. Una ida de ángeles de infancia. No lo quiere igual que él. Con altas agujas velando palacios en el viento. No, así no. Amando en los rincones de las fiestas nocturnas. Igual no.
si nos mezclamos hacemos una estrella de david.
Y se mezclaron sin saber deshacerse luego. Uno de los dos sufrió el resto de su vida.
Nihilismo pop
Cuando me fijé que aquel mozo
de cuadras deseaba desvirgarme busqué en las enciclopedias de mi padre.
Entonces vi aquel hermoso diagrama de la trinidad y pensé que el amor
sería igual. Llegó la oscuridad a los establos. El umbroso oleaje de crines dormía. Flotaba un gran esqueleto bajo sus aguas marrones. Llevé sábanas a la playa. De inmediato me di cuenta de que aquella polla no estaba tocada por el espíritu santo. Ni siquiera por el agua del bautismo. Orfeo enamorando a la muerte. La sangre se juntó con su suciedad. Parecía magma calcinado. El horror de mil tinieblas se juntaron en mi boca. Mi padre se dio cuenta. La sangre nos delató. Su grito fue un arma blanca. La llama siguió ardiendo en su filo. Ahora estoy en un lugar sin esperanza. Soy el umbral de cien mil llaves malditas, soy la clavera de los pecadores. Mi amado quedó hundido bajo flamas ciegas. Un fuego sin combustible lo encerró, solo el dolor fue análogo del pasto. Nada de eso me importa, no me arrepiento. Disfruté como una estrella pop orbitada por nueve discos platino.
c de languidecer.
son tus meñique y anular, tú corazón, este índice y el pulgar
las rocas donde me quiero y desde donde veo el jardín.
las rocas donde me quiero y desde donde veo el jardín.
"Las preguntas que nos hacemos siempre de si sirve la literatura o de si son útiles las humanidades. Esto es como preguntarse si lo humano sirve. La respuesta es No. La literatura es un reflejo de lo que somos. ¿Y sirve eso, sirve para algo lo humano? Pues no. Lo humano es inútil. No sirve para nada. Lo humano no es algo útil pero es lo que tenemos. Es lo único que nos justifica".
Pozuelo Yvancos.
por si alguna vez tuvimos una luz.
vivimos como los perros apretados en una historia pequeña. todo es vello, pies rotos y corazón canino. Somos felices paseando en la calle de nuestro barrio. y una flor se cierra todas las noches para distinguir al sol de la luna. Entonces ladramos al vacío, babeamos lágrimas, somos acariciados y con una pata torpe bailamos. tú abres un libro para hacerte la interesante y enseguida te comes las hojas. Y yo voy por detrás de ti, dándote hijos mientras terminas con la página de Cry me a river. Dormimos en un verano grande, el doble que para otros. Y nuestro dios no es mas que un buen hombre, solitario y callado. que suda cuando sale la luna y pone una grabación de sarah vaughan. nuestro amo está triste esas noches. nosotros para animarle aullamos en coro como en una oración de domingo. y siempre que hacemos eso sentimos su mano. es todo lo que pedimos de vez en cuando.
la calidad es mala. la música compensa.
la calidad es mala. la música compensa.
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